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Religion

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La religión más practicada sigue siendo la católica, ya que se cuentan más del 50 % de católicos entre la población dominicana. Le siguen la religión evangélica y los ateos. Además, también se pueden encontrar religiones como el budismo, el judaísmo, el islamismo o la religión tradicional china, entre muchas otras.

Creencias Religiosas En La República Dominicana

El cristianismo católico es el grupo religioso con mayor cantidad de seguidores en el país. La Iglesia ha contribuido enormemente al desarrollo socioeconómico de la República Dominicana a través de los proyectos que ha iniciado especialmente antes de que el país lograra su independencia. Entre los proyectos iniciados por la Iglesia se incluyen escuelas y hospitales. Ha estado a la vanguardia en la agitación para una buena gestión de gobierno y responsabilidad, especialmente a través de su consejo nacional de obispos. El cristianismo protestante también es importante en su membresía y está creciendo rápidamente. Los otros grupos religiosos incluyen el ateísmo, el islam, el judaísmo y las religiones orientales, entre otros.

 

Cristianismo católico

Es el grupo religioso más dominante que constituye más de las tres cuartas partes de la población del país. Fue introducido en el país por los misioneros cristianos que llegaron al país antes de la independencia. La Iglesia tiene más de 1.6 millones de miembros bautizados que confiesan la religión. Tiene más miembros 800 que sirven en el sacerdocio que se distribuye a lo largo de sus diócesis territoriales 11. El rastro de católico encontrado en el país se mezcla con elementos de las tradiciones de los pueblos nativos y otras prácticas externas, especialmente de África occidental. La Iglesia se hizo acomodaticia de parte de su cultura nativa y los incorporó a su liturgia. El uso de tambores fue uno de ellos. Actualmente, los católicos romanos constituyen el 75% de la población total en el país.

Cristianismo protestante

Constituyen el 20% de la población del país. Es un segmento de rápido crecimiento de la población de la República principalmente debido a los fuertes esfuerzos de evangelización de las iglesias protestantes. Algunos de los grupos dominantes incluyen las Asambleas de Dios, Adventistas del Séptimo Día, Pentecostales y Bautistas, entre muchos otros. A Morgan Foley se le atribuye la difusión del cristianismo protestante en el país desde los 1800. Otros adherentes de la religión llegaron al país desde los Estados Unidos y las Indias Occidentales en el Siglo 19.

Judaísmo

El país tiene una pequeña población de judíos practicando la religión que asciende a unos pocos cientos. Principalmente llegó al país cuando el presidente Rafael Trujilo aceptó que cien mil judíos ingresaran al país desde Alemania y otros lugares donde enfrentaban persecución. Principalmente viven en las regiones de Santo Domingo y Sosua donde hay sinagogas para facilitar sus prácticas religiosas. La libertad religiosa en el país ha permitido a los judíos practicar su fe con obstáculos limitados. Sin embargo, el judaísmo no se ha extendido extensamente a otros grupos culturales aparte de los descendientes de los grupos originales de inmigrantes.

Budismo

Fue traído al país en los 1960 por dos inmigrantes japoneses. Practican principalmente el estilo del budismo Mahayana de acuerdo con las tradiciones iniciales de los fundadores. Tienen dos centros principales en el país llamados Zen y Nichiren, donde se reúnen para los deberes religiosos. La religión no se ha extendido ampliamente, especialmente a los pueblos originarios, y es adoptada principalmente por inmigrantes de los países del Este, donde la religión tiene sus raíces.

Impacto de las religiones en la República Dominicana

Aunque hay un pequeño grupo que no se suscribe a ninguna religión, la mayoría de los ciudadanos del país son religiosos. El gobierno ha apoyado la libertad y la libertad de culto sin ningún obstáculo. Los grupos religiosos principalmente la Iglesia Católica han ayudado en el desarrollo de varios aspectos del desarrollo socioeconómico.

 

Libertad religiosa

Hay quienes piensan que la sociedad se ha desarrollado “a pesar” de la religión, cuando en realidad ésta ha sido pieza clave en el avance y el progreso de la humanidad. Sin importar la denominación de que se trate o la deidad a la que se rinda culto, la humanidad ha visto en la religión una vía de avance y crecimiento, tanto individual como social y económico.

Sin embargo, hoy se advierten muchas amenazas a la religión, en distintas partes del mundo, especialmente en 38 países que, de acuerdo a la organización Ayuda a la Iglesia Necesitada, presentan graves violaciones al derecho a la libertad religiosa, ya sea por persecución o por discriminación.

El Papa Francisco lo advirtió en su histórico viaje a Estados Unidos, cuando dijo que “vivimos en un mundo donde diversas formas de tiranía moderna quieren suprimir la libertad religiosa. Por eso, se hace necesario que los fieles de las diversas religiones unan sus voces para clamar por la paz, la tolerancia y el respeto a la dignidad y derechos de los demás”.

La libertad religiosa es un derecho inherente e inalienable del ser humano, que se manifiesta en su capacidad de creer o no en Dios y en un cuerpo de doctrinas, dogmas o creencias.

Dice Teófilo González Vila, filósofo español, que “no respetar la libertad religiosa (…) no es sólo conculcar un derecho fundamental de la persona humana, sino agredir a su misma realidad constitutiva”. Negar la libertad de los seres humanos a adoptar una religión es destruir a la persona misma, puesto que va en contra de su propia naturaleza.

Es por eso que hoy en día una de las pruebas más importantes del esfuerzo que realiza la humanidad para tener un mundo desarrollado, que respete al ser humano, es una efectiva libertad religiosa, que impulse las capacidades y habilidades de los seres humanos.

Hoy en día las principales amenazas en contra de este derecho fundamental provienen del islamismo radical, de los estados autoritarios, del nacionalismo y otros grupos fundamentalistas. Estos elementos son los que violan los principales fundamentos y elementos básicos de la libertad de religión, rasgos esenciales establecidos en distintos instrumentos de derecho internacional.

Estos fundamentos son practicar el culto, mantener instituciones, disponer de las herramientas para realizar los ritos o costumbres, difundir publicaciones, enseñar la religión, solicitar contribuciones, capacitar, elegir y designar a sus dirigentes, observar días de descanso y celebrar festividades, establecer y mantener comunicaciones, entre otras facultades.

Recientemente se ha realizado en nuestro país el Simposio de Libertad Religiosa del Caribe, auspiciado por la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra y la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, esfuerzo que felicitamos porque fortalece el compromiso del país con la libertad religiosa, una condición indispensable para que podamos desplegar el potencial de nuestra nación.

Nuestro país nació con la libertad religiosa, incluso en nuestros símbolos patrios. Ahora está consagrado en el artículo 45 de la Constitución, que garantiza la libertad de conciencia y de culto. Sin embargo, se requiere continuar afianzando este compromiso, tanto desde la esfera pública como desde la privada, para mejorar los indicadores sociales.

Si queremos ganar en la lucha contra las desigualdades, que es la lucha común de todas las denominaciones religiosas, es imperativo preservar la libertad de religión, de manera que impulsemos la integridad moral de los individuos desde sus creencias.

 

La libertad religiosa en la República Dominicana

Hoy en día, la lucha por la vigencia plena de la libertad religiosa presenta nuevos retos en América Latina y el Caribe.

Uno de esos retos está orientado a lograr que los congresos de nuestros países aprueben una Ley de Libertad Religiosa o una Ley de Asociaciones Religiosas, donde se establezca con claridad los deberes y los derechos que poseemos los practicantes de la fe, y se nos de la importancia y el lugar que merecemos como parte importante de la vida espiritual y social de nuestra naciones.

Ya algunos países de América han logrado esa conquista, pero en el caso específico de la República Dominicana eso no ha sido posible, y se hace urgente que esa ley sea aprobada en el más breve plazo.

Para los hermanos católicos dominicanos eso no es problema, pues ellos como iglesia funcionan bajo el manto de una ley muy especial llamada el Concordato, que se firmó en 1954 el estado dominicano con el estado vaticano, mediante la cual se protege y apoya todo el accionar de los católicos.

Una iglesia no católica en República Dominicana es regulada por la Ley 122-05, la cual supervisa el funcionamiento de todas las entidades consideradas como organizaciones sin fines de lucro.

En términos específicos, en el artículo 12 de esa ley se establece que las organizaciones religiosas son “asociaciones de beneficio mutuo” y nos colocan en el mismo nivel de las asociaciones empresariales, profesionales, clubes culturales o juntas de vecinos, y nos regulan con el mismo criterio y al mismo nivel de un club de dominó de un barrio de la capital dominicana o de una lejana provincia de la frontera con Haití.

En términos concretos esa realidad es una violación flagrante a la libertad religiosa.

El otro reto

Junto a ese reto que mencionamos, existe otro fruto de la nueva realidad que vive el mundo donde los valores éticos y morales se están perdiendo, y donde muchos preceptos y mandatos bíblicos son ridiculizados o negados por muchos sectores sociales o de poder, etiquetados de “gentes progresistas”.

Este nuevo reto tiene que ver con la posición que debemos asumir las entidades que trabajamos la fe en nuestras poblaciones, ante una serie de políticas públicas implementadas por nuestros respectivos gobiernos.

Estoy absolutamente convencido de que un gobierno dirigido por hombres y mujeres temerosos de Dios, que apliquen los principios bíblicos en sus políticas públicas y que sepan llevar a la práctica el sentido de amor y la solidaridad de Jesús, es un gobierno que va por un camino correcto y que podrá cumplir con su población de manera efectiva y eficaz.

En esa orientación, la lucha por la Libertad Religiosa tiene como una de sus responsabilidades tratar de que las políticas públicas asuman nuestras orientaciones y respeten nuestros criterios.
Así como los que no creen en Dios pueden establecer políticas públicas marginando el criterio de fe en sus ejecutorias, ese mismo derecho tenemos quienes practicamos alguna creencia de fe, para hacer que nuestros criterios sean parte de esas políticas públicas.

Y eso lo digo porque en los últimos años se está produciendo una encarnizada lucha en nuestros países para imponer la legalización del aborto, estableciendo que esa es una política pública correcta en la supuesta orientación de respetar los derechos de las mujeres.

En nuestro caso, en el año 2010 se produjo un fuerte enfrentamiento con sectores del congreso y de los partidos políticos, para establecer la prohibición del aborto en una reforma constitucional que se discutía en aquella ocasión.
Y en ese momento lo logramos.

La constitución dominicana establece en su artículo 37 muy claramente lo siguiente: “El derecho a la vida es inviolable desde la concepción hasta la muerte. No podrá́ establecerse, pronunciarse ni aplicarse, en ningún caso, la pena de muerte”.

Pero así como ha sucedido en muchos países del continente, los sectores anti-vida, anti-religión y pro-aborto no han escatimado esfuerzos ni recursos para tratar de eliminar ese artículo o de buscar una vía alternativa para legalizar el aborto.

En ese orden, en nuestra nación hoy estamos inmersos en un fuerte enfrentamiento con sectores políticos y sociales del país, y en especial con el presidente de la República y el partido gobernante, quienes quieren imponer una ley para legalizar el aborto a través de tres causales.

Nosotros establecemos que la vida solo puede quitarla Dios, que no hay razón que justifique un asesinato como es el aborto, que un bebé producto de un incesto o violación no tiene la culpa de haber sido formado y por tanto no merece ser eliminado, y que en todo caso lo correcto, justo, legal y cristiano es tratar de salvar las dos vidas.

Como la constitución es bastante clara en prohibir el aborto, lo que se ha buscado es una manera de incluir esas tres causales a través de una modificación al Código Penal, que actualmente se discute en el congreso.

Pero fruto del amplio trabajo de oposición ejercido por todas las iglesias dominicanas unificadas, el congreso les ha rechazado en dos ocasiones la pretensión de nuestros gobernantes de legalizar el aborto por vía de esas tres causales.

Ha habido un tercer intento hace tan solo unos meses. Pero ya el Senado de la República lo rechazó y se espera una discusión en la Cámara de Diputados, donde confiamos será también rechazado.

Pero no podemos ni vamos a cesar en nuestra lucha por lograr que las políticas públicas de nuestros gobiernos, asuman de la manera más amplia posible las orientaciones de la fe.

Como ciudadanos, los practicantes de la fe, somos también responsables de garantizar una vida sana, útil y provechosa a nuestras poblaciones.

Todas las religiones tenemos como responsabilidad fundamental garantizar la salud espiritual a nuestros seguidores y su salvación eterna, llevándolos por un sendero correcto siendo fieles a la palabra de nuestro Dios.

Y ante los gobiernos, debemos seguir tratando de lograr, sin cansarnos ni rendirnos, que quienes los dirijan asuman en sus ejecutorias esas orientaciones de Dios.

De esa manera nuestra naciones y las humanidad en general, serán más justas, más libres, más felices y más prósperas.
(Ponencia en el 25 Simposio de Religión y Derecho Internacional de la Universidad Brigham Young de Utah, Estados Unidos, y la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días)
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(Ponencia en el 25 Simposio de Religión y Derecho Internacional de la Universidad Brigham Young de Utah, Estados Unidos, y la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días).

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